COSMOGÉNESIS (III)

En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
Lección de magia nº 6








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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
creará universos. ¿Antagónico, no? el creador es lo creado.
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En
los artículos cosmogénesis
(I)
y
(II)
vimos como se inicia la creación desde el Do hasta las unidades de carbono.
Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado varias octavas, y hoy
volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más
clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación
sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora
más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la
esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en
esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión, para
mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra
existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá
después de que partamos. De esta forma le da a la consciencia artificial, el
contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y
natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y
natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será
nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de 
los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida, queda
plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde
usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”
que mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La
ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la
materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser
considerada como tal, por ser inmedible, son físicamente cuerpos energéticos,
partículas de energía, sólo apreciables en una colisión dentro de un acelerador
de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia,
lo que veríamos en una primera escala nano microscópica, sería muy similar a
ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas
por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando
esas estrellas se convertirían en átomos, (tomando al átomo para su mejor
comprensión y analogía como el
Modelo
de Bohr
) sistemas solares completos, con su núcleo, (sol)
y sus electrones, (planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la
materia que lo compone, sólo veríamos parte del universo correspondiente al
átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis,
del dedo índice apoyado en el teclado escribiendo estas líneas. Nada más hemos
hecho una parada nano microscópica, la más cercana a la materia y ya no
distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, sólo percibimos la realidad
subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia.
Ahora
bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y
partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos
presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes, protón y neutrón,
exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya
composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo
de esta historia. La pregunta es, ¿Qué hace la diferencia entre el cielo
estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre
nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es…, la consciencia.
Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora
estamos en el pantanoso terreno filosófico y especulativo, porque, ¿Cómo
comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? La respuesta para
salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero
rotundamente negada por la ciencia. “La consciencia se comprueba por la previsibilidad
de la materia”. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y
energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el
olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.
La
magia de la cosmogénesis, desde su inicio (fuente) hasta su resultado (vida),
está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros,
producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para
crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas,
primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno.
Un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética
de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según
ésta vibre aquí o allá, en esta existencia o en la del otro lado, el universo
los acompañará, no se queda con la vida, se irá con ustedes del otro lado de la
cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros
universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien
años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean
lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la fuente
hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su
existencia, el universo es usted y sólo hace falta que sea consciente de ello
para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de
conocer el secreto de la vida, como hizo 
Viktor
Grebennikov con su plataforma o
 Edward Leedskalnin con su castillo de
coral, haciendo posible lo imposible.
Queda
en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La
elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene
que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia,
y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y
será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y
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